¿Aumentar el bienestar mediante una mentira?

Si una persona no tuviera posibilidad alguna de enterarse de una mentira piadosa ¿justificaría decirla cuando el bienestar que produjera a esa persona sería extraordinario?. Pongamos un ejemplo. El máximo deseo de una madre en su lecho de muerte sería que dos de sus hijos se reconciliaran. No siendo eso posible ¿qué haríamos? ¿pediríamos a los hijos que hicieran teatro delante de su madre para que muriera feliz y en paz?. La madre jamás sabrá que no fue cierto.

Hay justificaciones para ambas alternativas:

  1. La de engañar a la madre se justifica en que morir feliz y en paz, el máximo bienestar posible de la madre, es el valor supremo. Más aún en un trance como la muerte.
  2. La de no engañar a la madre se justifica en que lo que realmente la madre quiere es que los hijos se reconcilien, no que la engañen diciéndoselo. No sólo que piense que su anhelo esté satisfecho, sino que lo esté realmente. Esta alternativa considera que montarle un circo sería el colmo de la burla.

¿Qué haríamos?. ¿Qué hacemos?.

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6 comentarios

  1. ¿Cuál de las dos alternativas querríamos para con nosotros? Probablemente no querríamos ser engañados aún muriendo con el dolor de ver a nuestros hijos enfrentados. En las encuestas relacionadas con la enfermedad, la mayoría quieren proteger a los seres queridos, incluso recurriendo a la mentira, pero, a su vez, pocos quieren que se les oculte la verdad. Y estas encuestas se corresponden con lo que vivo diariamente. Pero quién ha dicho que los humanos seamos lógicos y consecuentes. De hecho, las computadoras que han pretendido imitar nuestro razonamiento han fracasado cuando lo han hecho usando algoritmos lógicos. La verdad son las contradicciones que albergamos los humanos, capaces de lo bueno y lo malo, lo razonable y lo irracional, al mismo tiempo en cada uno. Quizás por eso me siento más próximo a quien duda que a quien cree en caminos únicos, vayan a donde vayan, y quizás por eso me he detenido en este comentario que no da una solución.

  2. Caray con la pregunta!! Probablemente dependería de lo que supiera, en este caso de la madre. Si estaba o no entre los que prefieren no saber. Si no hubiera tolerado un engaño durante la vida no la ofendería así en el lecho de muerte. Si hubiera sido una persona que diera importancia a las apariencias, a las formas a veces más que al contenido, de las que prefieren no “urgar” demasiado, pero igualmente digna y querida, probablemente le hubiera dado ese regalo al final. Incluso procurando mantener esas formas de cara a todos porque hay quien defiende que la conducta nos acaba cambiando de verdad. ¿Te parece razonable?

  3. Gracias por contestar a mi pregunta Francisco!

    Entiendo que hayas visto muchos casos de este tipo y q hayas tenido q decidir qué hacer y como hacerlo lo mejor posible en el momento pero…

    Por qué unas personas escogemos una via y no otra? ¿por qué somos tan diferentes en algo tan importante?.

    ¿Como desde fuera podemos saber que la persona ha escogido esa via?
    Podemos equivocarnos y ante la duda.. ¿quien somos nosotros para decidir?

    Ni siquiera yo se que preferiría.

    A.

  4. No se puede tomar ninguna elección en el lugar de nadie más que de nosotros mismos, pero ni siquiera creo que sea esa la cuestión. Está claro que el deseo de la madre es la reconciliación de los hijos, ni más ni menos. Plantear dicha cuestión en el marco del “y si fuera mentira pero no lo supiera” es un absurdo epistemológico, pues como decían Aristóteles y después Kant (no preguntéis dónde, que hablo de memoria) no podemos “imaginar” no-saber algo que ya sabemos ni “imaginar” saber algo que en realidad no sabemos. Dicho de otra forma, ni siquiera la anciana podría responder a dicha pregunta, por lo que nosotros tampoco.

    La respuesta no la podemos buscar en nadie más que en nosotros mismos.

    Tampoco esto soluciona nada, porqué hay mil teorías y versiones incompatibles entre ellas que dan solución al dilema. Eso sí, personalmente, me inclino en contra de la mentira piadosa.

  5. Mmmm … las decisiones las tomamos nosotros, por supuesto, con nuestra personalidad y anhelos, y somos responsables de ellas, pero las tomamos influidos por el entorno y especialmente por los que nos rodean, sobre todo por aquellos que han calado en nuestras vidas. Me parece que estamos profundamente interrelacionados, entrelazados, modulándonos constantemente y eso es lo que hace maravillosamente matizables nuestras ideas y comportamientos. Por eso creo que no es importante la solución al dilema, que como bien dices tiene miles, sino el hecho, en si mismo, de que haya seres que se importen unos a otros y busquen el bienestar mutuo, siempre a través del respeto (teniendo en cuenta) a la idiosincrasia y libertad del otro.

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