Demasiado cerca, Szymborska

Dice Heidegger que nosotros, para nosotros mismos, estamos ónticamente cercanísimos, ontológicamente lejanísimos y preontológicamente no extraños.

Eso me recuerda al poema de Szymborska

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo…

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada

para caer del cielo.

Mi grito solo podría despertarle.

Pobre limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas.

Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
se han sentado ángeles caídos.

Szymborska 

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A la espera de lo inesperado

Podemos salir de una guerra de exterminio, no indemnes, pero sí expandidos. A la espera de lo inesperado.

Probablemente quien sepa reconocer su vulnerabilidad esté muy cerca de lograr la fuerza de ánimo necesaria para echarse a vivir en estos tiempos de extrañeza.

En CERM trabajamos a partir de nuestras carencias, las humanas. A partir de ahí podemos alzar nuestra mirada y abrir nuevos horizontes ¿Qué vamos a hacer con nosotros?

 

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Hiperinflación de las narraciones

Hoy vivimos inmersos en una hiperinflación de las narraciones.

Los cuentos nos encantas a los humanos. Compramos marcas, más por la narrativa que por el producto en sí.

Esto lleva a una narrativización desmesurada de las empresas, en detrimento de la acción fruto del ensayo y del… acierto, pues acertar es humano.

Un saber que no rinda cuentas con la realidad es muy peligroso.

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El crecimiento de la sociedad depende de una escasísima cualidad llamada valor

 

Hoy, aún menos que en otros periodos de la historia, pocos tienen la lucidez y valentía de querer ver lo evidente, que el avance de todos ya no depende de elevar más la media, sino de ese número pequeñísimo de personas que se arriesgan y se exponen a grandes cargas, perjuicios y maledicencias por su creatividad y por esa escasísima cualidad llamada valor para hacer que las cosas sucedan.

Recuerdo una vez más el libro La negación de la muerte, de Ernest Becker. Cuando habla de los fracasos del heroísmo y de que el poder del líder surge de lo que él o ella pueden hacer por la gente, que es mucho. Nos regala esta reflexión:

 

Las personas utilizan a sus líderes con poca consideración hacia su persona

Se les utiliza para satisfacer sus propias necesidades e impulsos relacionados con la seguridad, el heroísmo, la expiación y la culpa.

La gente sigue al líder con corazón deshonesto para traspasarle sus propias cargas.

No hay entrega desinteresada e incondicional.

Bajo el amparo de un líder, muchas personas pasivas consiguen su heroísmo barato. Barato porque en él no han invertido su coraje, ni han arriesgado su pecunio, ni han afrontado sus propios miedos.

 

 

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Responsabilidad Social Corporativa

Responsabilidad Social

Consideramos que nos encontramos en una sociedad desresponsabilizada formada por multitud de individuos débiles -aquellos que aplazan toda decisión y desplazan toda responsabilidad-. En ese entorno hay quienes eligen tomar las riendas de su destino individual y colectivo; los trabajadores y las empresas son buenos candidatos para ese logro. La empresa se ha de ganar cada día su derecho a la supervivencia y esa es una gran responsabilidad de todas las personas que la forman. Responsabilidad de la acción. Responsabilidad de la omisión.

Estos tres vídeos ilustran la toma de conciencia del entorno en el que nos movemos y también los dos pilares sobre los que edificamos nuestra responsabilidad social: el Espíritu Agonal y el Combate al Síndrome de Procusto:

 

 

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