El crecimiento de la sociedad depende de una escasísima cualidad llamada valor

 

Hoy, aún menos que en otros periodos de la historia, pocos tienen la lucidez y valentía de querer ver lo evidente, que el avance de todos ya no depende de elevar más la media, sino de ese número pequeñísimo de personas que se arriesgan y se exponen a grandes cargas, perjuicios y maledicencias por su creatividad y por esa escasísima cualidad llamada valor para hacer que las cosas sucedan.

Recuerdo una vez más el libro La negación de la muerte, de Ernest Becker. Cuando habla de los fracasos del heroísmo y de que el poder del líder surge de lo que él o ella pueden hacer por la gente, que es mucho. Nos regala esta reflexión:

 

Las personas utilizan a sus líderes con poca consideración hacia su persona

Se les utiliza para satisfacer sus propias necesidades e impulsos relacionados con la seguridad, el heroísmo, la expiación y la culpa.

La gente sigue al líder con corazón deshonesto para traspasarle sus propias cargas.

No hay entrega desinteresada e incondicional.

Bajo el amparo de un líder, muchas personas pasivas consiguen su heroísmo barato. Barato porque en él no han invertido su coraje, ni han arriesgado su pecunio, ni han afrontado sus propios miedos.

 

 

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