El arte de vivir: orgánico y social

Cada paso abre 100 caminos y descarta 99

Llego hoy a Bogotá desde Concepción y salgo en unas horas a Medellín. En cada paso del camino conocemos a nuevos colegas y trabajamos con otras personas aprendiendo unos de otros. Y se me vuelve a hacer patente en cada ocasión que simultánea a nuestra vida biológica, vivimos una existencia simbólica social irrenunciable.

El Arte de Vivir contiene la parte orgánica -el cuidado de uno mismo- y la social -el cuidarnos mutuamente- en la que de la debida reciprocidad simbólica con los otros, brotan los criterios éticos.

Y es que ni la rutina ni el procedimiento bastarán nunca para vivir como un humano. Hemos de elegir constantemente sabiendo que la necesidad de actuar es mayor que la posibilidad de conocer.

Y como dice mi profesor Argandoña: Nos tiene que gustar la sociedad en que vivimos es decir, o nos gusta y la mantenemos, o la cambiamos. Por suerte los que vivimos en la civilización occidental disponemos de una herramienta extraordinaria: un espíritu crítico exacerbado que nos permite demoler lo que no nos gusta y tirar para adelante con el siguiente intento cuando ya todo parecía perdido.

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