El mundo "a palo seco"

El mundo “a palo seco” parece ser demasiado inhóspito para nosotros. Eso de saber el final es tan difícil de digerir como de desoir.

Pero la ilusión cambia todo ese panorama, hace que las cosas parezcan importantes, que uno mismo lo parezca, aún para una sola persona.

¡Cuantos de nosotros recurrimos a otros para que nos den las mentiras que necesitamos! Y así los poderes de algunos surgen de lo que pueden hacer por los demás, que es mucho. La tentación consiste en querer suministrar mentiras a todos, como si todos exigieran vivir de ilusiones. No. Precisamente la forma en que cada uno de nosotros resolvemos nuestras necesidades de búsqueda de sentido determinará nuestra calidad de vida y acaso también nuestra cantidad de vida.

Ciertamente la ilusión da sentido al dolor, a la espera, al sacrificio, exalta la imaginación, la dota de energía y nos pone en marcha. Pero la ilusión es una trampa cuando en el vibrante sentimiento expansivo vital (orgánico y simbólico) que a veces nos regala la vida, buscamos un atajo para escatimar esfuerzo, coraje, tiempo, cuidado, pecunio y lo que sea menester.

Tal vez la vida no sea más que el camino… ¿por qué entonces el atajo?

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