Hoy vivimos decenas de vidas

Hoy vivimos decenas de vidas incluso en un solo día. Hemos diversificado el teatro de la existencia transitando multitud de escenarios ejerciendo control remoto sobre el tiempo e incluso el espacio. El que tantos millones de humanos seamos capaces de leer, de ver películas, de inventar, de movernos, aumenta nuestros mundos paralelos.

En mi caso, reconozco que es así. Trabajando en varios países simultáneamente, con horarios diferentes, personas diferentes, mentalidades diversas. Entrando en comunicación con autores vivos o muertos a través de sus obras y sobre todo a través de los grupos de personas con las que estudiamos sus creaciones y sus vidas. Construyendo empresas en nuevos lugares del mundo. Hablando con mis hijas, mis padres, mi familia, repartida en tantos y tan diversos lugares y horarios a través de skype. Realizando transacciones en distintos tiempos desde otros tiempos y espacios a través de internet. Imaginando probabilidades de lo que será, para luego, decidir o no hacerlo realidad. Siguiendo las vidas de mis amigos en sus momentos vitales tan diversos y lugares tan distantes. Compitiendo y entrenando en videojuegos, a veces compartidos con personas de otras zonas del planeta que nunca conoceré más que virtualmente. Viendo películas o teatro de vidas ajenas reales o imaginarias, que me brindan la posibilidad de poder inmiscuirme y aprender en ellas sin el riesgo físico de hacerlo.

Hoy vivimos decenas de vidas, centenares de existencias en la realidad y la virtualidad. Hace unos siglos apenas daba para una sóla enmarcada en una esperanza de vida de apenas 50 años.

¿Somos materialistas? Sí, dice César, pero vivimos más y más felices en la época más metafísica que haya existido jamás. Una metafísica que es supraorgánica, gracias a la tecnología, no supranatural.

Grupo Filosofía de la Técnica y la Tecnología
Uno de los mundos paralelos, con parte del Grupo Filosofía de la Técnica y la Tecnología

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1 comentario

  1. ¡Oh qué maravilla!
    ¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
    ¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz,
    en el que vive gente así.
    (Aldous Huxley)

    Es inevitable no cuestionar esta ultima afirmación: vivimos más y más felices en la época más metafísica que haya existido jamás.
    ¿realmente estamos en un estado ideal, dentro de la existencia social humana?
    Que acaso al hablar de la existencia de una metafísica supraorganica, no es dar rienda suelta a los postulados de la antropología cultural que defiende de manera enconada una especie de evolucionismo social. Asumes entonces, que es merced a la tecnología que se ha producido el gradual desarrollo social, el cual fue facilitando la transición de las sociedades de estado primitivo, hacia entornos sociales civilizados con el pasar del tiempo. Si esto es así, entonces autores como Huxley, simplemente lograron anticiparse en espacio y tiempo a través de una narrativa que plantea no el mundo soñado, sino una distopia, que revela una especie de sueño (el sueño del desarrollo a expensas del mal llamado progreso tecnológico, de los avances e interacciones entre técnicas y teorías) o realidad suspendida, que a todas luces, es el punto en el que nos encontramos como especie y como civilización.
    Cuando el grueso de la población habla con cierta liberalidad sobre los aportes de la tecnología a la fecha, a este siglo, primero debería tratar de atisbar, que la tecnología que es empleada, usada y manipulada por la mayoría de personas, no es mas que TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS, tecnologías de mercado, de entretenimiento, cuyo problema de base no es tanto la obsolescencia programada, sino ante todo, su naturaleza aislante. Algún analista social o mas bien algún ingeniero social, ya planteo en relación con la tecnología y los riesgos derivados de esta, que por primera vez en la historia humana, estamos de manera ambivalente, CONECTADOS y DESCONECTADOS. Persuadidos por medios electrónicos, por dispositivos cuya función base pareciera ser el mero entretenimiento, nos interrelacionamos de forma abrupta, con medios tecnológicos, que no entendemos y no pretendemos comprender, nos vasta solo con usarlos.

    Pregunto entonces: ¿realmente vivimos mas felices? o solo estamos a propósito de las esferas de las que habla el docente Cesar, inmersos e una burbuja social y de manera conexa conectadas a otros dentro de una gran burbuja artificial que permite el mantenimiento de la estructura social, merced a una cohesión colectiva, donde todos mas o menos, vivimos el mismo sueño, nos hallamos inmersos en la ilusión del cambio, de la transición, de la evolución social, mientras somos entretenidos y maravillados con productos de ciclo corto.

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