Mirando al mar

Después de volar todo el día; en el lago de Annecy.

http://www.youtube.com/watch?v=mx5gKT_Bf50&feature=related

Esta preciosa canción forma parte de mi infancia. Mi madre la tocaba al piano y como era una de mis favoritas se la hacía repetir y repetir mientras yo intentaba cantarla. Tanto se utilizó esa partitura que acabó desgastándose y quedaron trozos pegados con celo. Hasta que hace poco un amigo encontró un ejemplar de segunda mano en no se qué librería de viejo y me la regaló. Gracias. Ahí la tengo, aún pendiente de aprenderla y tocarla.

Pero la historia del papel celo da mucho de sí, porque mi amiga Asun me cuenta que la nanotecnología ya permite que con un  papel celo similar al que mi madre pegaba la vieja partitura, podamos insertar vídeos en los libros. Además, esta mañana, mi amigo Pep me ha estado contando que el coche eléctrico supone un cambio de paradigma industrial y tecnológico capaz de desmontar el negocio de los fabricantes de coches y el petróleo. No en vano quienes más están invirtiendo en investigación son las eléctricas. Así, soñando, soñando ¿podría ocurrir que nos regalasen el coche las eléctricas como hoy nos regalan el teléfono las empresas de telecomunicaciones?.

Y todo eso me hace pensar que todos los lobbys continuistas, de izquierdas o de derechas, religiosos o científicos, empresariales, sindicales o patronales, están quedándose fuera del tiempo y haciéndonos perder tiempo -que es vida- a los demás. ¿Cuantas veces incluso el máximo experto en un campo de conocimiento supone un freno al desarrollo de su área?. Hoy los mayores errores de diseño son aquellos que impiden la evolución y el desarrollo. Todo lo que se diseñe tiene que incluir el diseño de su propia disolución cuando ya no sea útil. Como lo hace la vida. Somos fruto de seis extinciones masivas. Ya no podemos seguir perdiendo tiempo en proteger inmovilismos porque el entorno cambia y se complejiza a una velocidad creciente. Estamos en la era de la Mens Extensa, producto de la socialización científico técnica y de la exponencial capacidad de interconexión que nos puede llevar a la formación de un cerebro global ¡uf! y que nos está permitiendo una cada vez menor pérdida de energía en los procesos de aprendizaje. ¡Mientras tenemos un 30% de fracaso escolar en el país, que clama al cielo! y es que no podemos aceptar que se le llame fracaso escolar a lo que es, como muchas otras cosas, un error de diseño de sistema, se ponga quien se ponga como se ponga.

En fin, estamos en una evolución biológica, cultural, científica y tecnológica que avanza pareja a una complejización que resocializa y que necesitará intermediadores sabios (un sabio no es partidista) que engranen y minimicen las fricciones sin frenarlas. Y todo ello sin poder prececir a dónde nos van a llevar esos cambios porque en ellos cambia también la naturaleza humana, lo que nos incapacita para prever desde el punto de vista de “lo que seremos pero aún no somos“.

Lo que no ha cambiado, de momento, es que mirando al mar soñé y sueño, como canta Sepúlveda y como ocurría en la foto.

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