"No importa el tiempo que viváis, Sánchez; yo lo hice, y vos no.

 

En las actividades humanas -ahora nos centraremos en las empresas- existen dos grandes categorías de personas, las que dan más de lo exigible por contrato y las que dan lo justo o menos.

Hay personas que nada más incorporarse a un reto, se prodigan, estudian, están disponibles siempre, aprenden, inventan nuevas soluciones, se dan cuenta y corrigen sus errores, afrontan las emergencias, su vida es también la vida en el trabajo, por eso trabajan con tanta intensidad como la que emplean en sus aquellas otras actividades que escogen realizar.

Hay otras personas que, incluso respetando el contrato, hacen sólo lo mínimo requerido. Utilizan todos los permisos posibles de enfermedad, salen disparados en el momento en que acaba el horario o cobran los minutos como horas extras y no dedican ni un solo pensamiento a la empresa, no estudian, no se perfeccionan, no aportan. 

Legalmente ambos cumplen, pero hay una diferencia abismal entre unos y otros.

Todas las empresas humanas desde que salimos de las cavernas, existen por el primer tipo de personas. Lo que disfrutamos en nuestras vidas -escuelas, hospitales, leyes, empresas, ciencia, arte- se lo debemos a las personas que nos han regalado su trabajo más allá de lo exigible durante las 60.000 generaciones de Homo sapiens que nos han precedido.

“Todo ello creado por gente como yo. No importa el tiempo que viváis, Sánchez; yo lo hice y vos no”:

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