Obsolescencia impuesta. Contradicción básica.

Pienso que es importante tener en cuenta la obsolescencia de las cosas y que antes de añadir algo, mejor quitar. Lo que me parece una desgracia es que se imponga la obsolescencia como modo de vida.

La obsolescencia programada pretendía que los productos tuvieran una vida corta para así poder vender más, pero como cada decisión conlleva costes, al final resulta que es insostenible ambiental y económicamente, precisamente lo que pretendía evitar. Acaso lo peor sea que también se revela insostenible emocionalmente para el humano, incapaz de “vivir sin vivir en mi” como Santa Teresa, durante mucho tiempo.

Tanto hemos incorporado la obsolescencia en nuestra manera de hacer y ver el mundo que hasta en las relaciones personales ha calado, entendiendo como algo interesante el “ya veremos mañana” o el “sin compromiso” desvalorando las promesas e incluso pretendiendo convertir el amor humano en un “estar a gusto” con una o más personas. Todo menguado y rápidamente “inadecuado a las circunstancias actuales” como reza la entrada de obsoleto en la Real Academia Española.

Cabe esperar que todo esto ocurra por accidente o descuido, por estupidez, por orgullo egoísta, por mala suerte, por miserable vanidad… mas que por plena conciencia y determinación, como es el caso de los bienes de consumo. Lo más dramático es que se vende como el colmo de la libertad del individuo el “poder elegir diariamente entre multitud de productos -y personas-“ cuando sabemos que tal sobreabundancia de opciones obligadamente efímeras nos llena de desasosiego, tristeza e infelicidad que debemos disimular. Pero como simultáneamente proliferan los psiquiatras, psicólogos, coach, sanadores y consultores que venden sobrellevar esa angustia ¡sin problema!

Este programa sobre la obsolescencia programada es muy interesante:      Comprar, tirar, comprar

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