Sacar hasta la última gota de sangre

Cuando una empresa española ha de entrar en concurso de acreedores -en gran medida porque la Administración Pública fue la primera que dejó de pagar e inició una cadena perversa de impagados, pero no deja ni un mes de cobrar- aparecen jueces, administradores concursales y firmas de abogados para sacar el último euro a las empresas. Ellos mismos determinan sus tarifas. Como depredadores. Como carroñeros.

Los sueldos de los administradores concursales suelen oscilar entre 5.000 a 10.000€ mensuales y “administran” no una, sino varias empresas. Es decir, salarios de 50.000 a 140.000 € anuales por empresa ¡en empresas que se debaten por su supervivencia! Los abogados, por otro lado, no piden menos de 100.000€ para preparar el escrito a presentar al juez -aunque sea una pyme- y cobran previo concurso, por supuesto, no vayan a ser tratados como vulgares proveedores.

Monetariamente hablando da lo mismo que la empresa siga o quiebre, no parece ser ese el objetivo, porque han hecho la ley de tal manera que son ellos mismos los primeros que cobran, independientemente de si lo hacen bien o mal, independientemente de si la empresa prevalece o le acaban de dar el toque de gracia, independientemente de que al resto de sus colegas trabajadores de la nueva empresa que administran les bajen el sueldo, les metan en EREs de extinción o suspensión e independientemente de que para poder cobrar no se pague a proveedores o acaben con el patrimonio personal de los empresarios. Al fin y al cabo no son empresarios, son juristas y los problemas y grandezas de la empresa les son ajenos. Estas pérdidas de enfoque son constantes en las sociedades complejas en que vivimos.

Son los abogados que se están quedando fuera del pastel los que están denunciando a sus propios compañeros de profesión que se llevan lasmayores tajadas. El abuso del estado de derecho contra sus ciudadanos no tiene límites. O mejor, tiene los límites que los propios administradores de los demás se permitan entre sí para repartirse mejor la pesca, aunque esquilmen las sardinas y en breve no haya nada que pescar. Lean este artículo: El gran negocio de los concursos de acreedores.

Es el mismo comportamiento de los depredadores hacia los bancos de peces indefensos ¡que no quede ni uno! Y es que la finalidad no es la sardina para su depredador, sino su estómago, como la finalidad no es la empresa para sus jueces, administradores y abogados, sino su personal bolsillo. Tan grave ha sido y es la cacería a la empresa y tan nefastos los resultados de las intervenciones judiciales en las mismas que se está tramitando de urgencia una ley para acabar con esto: \”A los administradores concursales se les acaba el chollo\”

Así nos va, cualquier parecido con la realidad… ¡Que no quede ni una!

Más depredadores que sardinas. Más administradores públicos y abogados que empresarios. Y es que es infinitamente más fácil juzgar y decir qué han de hacer los otros -sobre todo si no se tiene ni idea- que hacerlo.

Vuelvo a recordar las palabras de Ayn Rand en 1950:

“Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra tí; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

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