La libertad puesta a examen (I)

 

Puedo elegir desmentirme, pero ¿a qué precio?

 

Vuelvo a pensar en estos días sobre la libertad ¿Acaso existe? no lo sé, pero sí sé que actuamos como si existiera, o al menos yo lo hago. Me parece que sin la premisa de la libertad no se puede prometer, no se puede crear, no se puede amar*.

Para Kant el principio supremo de la moralidad es la razón libre (independencia de causas determinantes, o, en otras palabras: puedo decidir). Mas, precisamente, tanto la razón como la libertad son principios incondicionados, no son demostrables. Y es que para una demostración se requiere lo condicionado -causas, antecedentes- y la condición.

Y sin embargo, esa libertad de Kant, me parece constreñida por su propia definición, ya que, según él, no somos libres si no utilizamos la razón. Tampoco somos libres de no ser libres. Y por último, no somos libres de no tener en cuenta la razón.

 

… en aquel entonces (murió Kant en 1804) los sentimientos apreciados eran los morales, es decir, los individuos tenían poco peso respecto a la especie, al menos desde la perspectiva política y del derecho. Ciertamente ningún individuo tenía la posibilidad en esa época de destruir medio mundo apretando un botón.

 

*En esto tengo mis dudas ya que no es cuestión de voluntad enamorarse o desenamorarse: sucede, y nos pilla, siempre, desamparados.

Libro de las Horas. Libertad.

Quizá también te interese

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *