Ser valiente

 

 Como siempre insiste mi amiga Bárbara, a partir de la adolescencia los padres hemos de pasar de ser nutricios a ser maestros o como se dice actualmente “coach” de nuestros hijos. Ya no valen órdenes. Vale preguntar, reflexionar y fomentar virtudes, a ser posible con el ejemplo.

Creo y siempre insito en ello, que una de las más necesarias virtudes del ser humano es la valentía. Sin valentía no seremos capaces de cumplir nuestras promesas cuando estas sean difíciles de cumplir. No seremos capaces de decir No cuando sea necesario, y por tanto nunca podremos decir de verdad. No seremos capaces de ser buenos, cuando ello requiera sacrificios o dolor. No seremos capaces de mantener el espíritu crítico cuando nos quedemos solos dentro de movimientos de masas. En definitiva, no seremos capaces de elegir y las riendas de nuestro destino las llevarán otros o el azar.

Cada cosa que hacemos u omitimos, nos entrena en un sentido u otro. Por ejemplo, cuando estudiamos, nos estamos entrenando para estudiar. Cuando no estudiamos, nos estamos entrenando para no estudiar. Por eso, como madre, intento inculcar en mis hijas el valor, tanto el valor físico como el mental y el espiritual; unos refuerzan a los otros. En la fotografía mi hija Rebeca de 15 años saltando de un puente, ayer.

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