Sólo es posible expresar con palabras aquello para lo cual se cuenta con palabras

 

Sólo es posible expresar con palabras aquello para lo cual se cuenta con palabras.

Y para eso, hemos tenido que constreñir el mundo. Para que quepa en las palabras.

Mas si algo es indudable, no hay palabra que lo pueda contener.

 

Acaso debamos tener especial cuidado con las palabras que pretendan expresar gran carga emocional como libertad y amor, pero también con otras más cotidianas. Así, por salud, los antiguos entendían disfrute. Así mismo, por salud entendemos un saludo de buena voluntad. Por salud, también se entiende ausencia de enfermedad. Fijémonos en la plenitud de la primera acepción y en la triste carencia de la última. Eso son nuestras palabras, ríos que creamos, que nos llevan y nos traen por el camino de la dicha y de la amargura, sin dejarnos salir de su dominio.

Decía Wittgenstein “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. No paramos de chocar con los límites de nuestra jaula”

 

 

Al final, hablamos como hablamos por lo que vemos y por lo que hacemos:

“Lo veo, sólo queda hacerlo”

 

Verlo. Hacerlo. Caminar.

Me parece lo más relevante el camino, y especialmente conmovedor transitarlo con mis hijas:

 

 

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