No es eso lo que yo he aprendido

Los simples actos de gentileza y amor…

HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar

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… por vos he de morir y por vos muero

Soneto V

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Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
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En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
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Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
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Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
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Garcilaso
La relación de amor no es de iguales, es el amante quien suspira por el amado… “por vos he de morir y por vos muero”
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ACMÉ florecimiento

Antiguamente no se hablaba del nacimiento de una persona como momento cronológico a tener en cuenta, sino más bien el de su florecimiento, su ACMÉ, el momento vital en el que la persona está en su máximo esplendor, de algún modo en línea con su finalidad. No solía ocurrir antes de los 49 años.

Sería el momento de poder decir:    -Sí, lo he hecho.

Esa realización puede que otros la aprovechen  para sus propios fines, o tal vez para desvirtuarla y corromperla. Pero esa posibilidad se abrió porque antes, alguien logró que existiera.

http://www.youtube.com/watch?v=2tRoBlEWoZY

Y la pregunta es: ¿Lo he hecho?

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El olvido que seremos

Abad Gómez, el padre, y Abad Faciolince, el hijo y autor del libro.

“Para mi papá el médico tenía que investigar, entender las relaciones entre la situación económica y la salud, dejar de ser un brujo para convertirse en un activista social y en un científico. En su tesis de grado denunciaba a los médicos-magos: “Para ellos, el médico ha de seguir siendo el pontífice máximo, encumbrado y poderoso, que reparte como un don divino a familiares consejos y consuelos, que practica la caridad con los menesterosos con una vaga sensación de sacerdote bajado del cielo, que sabe decir frases a la hora irreparable de la muerte y sabe disimular con términos griegos su impotencia.” Se enfurecía con quienes querían simplemente “aplicar tratamientos” a la fiebre tifoidea en vez de prevenirla con medidas higiénicas. Lo exasperaban las “curaciones milagrosas” y “las nuevas inyecciones” que los médicos daban a su “clientela particular” que pagaba bien las consultas. Y la misma revuelta interior la sentía contra quienes “sanaban niños” en vez de intervenir en las verdaderas causas de sus enfermedades, que eran sociales.

Yo no recuerdo, pero mis hermanas mayores sí, que a veces las llevaba también al Hospital San Vicente de Paúl. Maryluz la mayor, se acuerda muy bien de una vez que la llevó al Hospital Infantil y la hizo recorrer los pabellones, visitando uno tras otro a los niños enfermos. Parecía un loco, un exaltado, cuenta mi hermana, pues ante casi todos los pacientes se detenía y preguntaba: “¿Qué tiene este niño?” y él mismo se contestaba: “Hambre” Y un poco más adelante: “¿Qué tiene este niño? Lo mismo: hambre” “¿Y este otro? Nada, hambre ¿Todos estos niños lo único que tienen es hambre, y bastaría un huevo y un vaso de leche diarios para que no estuvieran aquí. Pero ni eso somos capaces de darles: un huevo y un vaso de leche! ¡Ni eso, ni eso! ¡Es el colmo!”

“Decía que la sola medida de dar agua potable y leche limpia salvaba más vidas que la medicina curativa individual, que era la única que querían practicar la mayoría de sus colegas. (…) Defendía la idea elemental -pero revolucionaria ya que era a favor de todo el mundo y no de unos pocos- de que lo primero es el agua y no deberían gastarse recursos en otras cosas hasta que todos los pobladores tuvieran asegurado el acceso al agua potable. “La epidemiología ha salvado más vidas que todas las terapéuticas, escribió en su tesis de grado.

(…) Un político muy importante, Gonzalo Restrepo Jaramillo, había dicho en el Club Unión -el más exclusivo de Medellín- que Abad Gómez era el marxista mejor estructurado de la ciudad y un peligroso izquierdista que había que cortarle las alas para que no volara. Mi papá se había formado en una escuela pragmática norteamericana (en la Universidad de Minnesota) No había leído nunca a Marx y confundía a Hegel con Engels.”

Héctor Abad Fancioline

Libro bellísimo y desgarrador sobre su padre, médico de Medellín, Colombia, asesinado. Ya escribí sobre él cuando lo encontré y me cautivó -y sigue haciéndolo- en la biblioteca de una universidad colombiana de cuyo nombre…

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Necesidad de perdurar

Cueva de las manos de St Cruz hace 7.350 años

Hemos encontrado dentro de un reactor de una petroquímica escritos y dibujos que nos hacen recordar a los de las cuevas neolíticas.

En ambos casos responden a la misma necesidad innata con 9.000 años de diferencia: la de perdurar. La de que el olvido no nos lleve del todo, la de expresar nuestros anhelos y emociones y dejarlos testimoniando que existimos; antaño en una pared natural con manos -¿qué quisieron decir?-, hoy en una pared industrial en la que Jorge, de Con Con, escribe su más íntimo sentir “Te quiero hija”.

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En el momento culminante de la muerte, remordimientos

Dice Heidegger que somos seres arrojados a vivir y que el momento culminante de nuestra existencia es el de la muerte, ahí sabemos si nos hemos “ganado” a nosotros mismos o “perdido” .

La cuidadora de enfermos terminales Bronnie Ware ha escrito un libro que he leído este fin de seman. Trata de lo que importa cuando estamos muriendo. Parecen ser preocupaciones comunes y en la mayoría de los casos, desgraciadamente, arrepentimientos comunes.

Por su experiencia, Bronnie destaca 5 principales remordimientos de los moribundos. Al final, lo que nos importa a las personas es la felicidad que hayamos podido proporcionar a nuestros seres queridos y el tiempo que hemos pasado haciendo las cosas que nos gusta hacer, cómo vivimos la vida y si dejamos  huella positiva en quienes siguen ahí.

Dice Ware que hace falta valor para vivir como es debido, para mostrar respeto por la vida que nos es dada. La decisión es nuestra. El reloj no se detiene para ninguno de nosotros, depende de cada cual decidir a qué y a quien dedicar su tiempo, su esfuerzo, su dinero y los días que le quedan. La vida es corta.

Ninguna de las personas que acompañó en su muerte se lamentó por no haber logrado cosas materiales, pero sí sintieron gran tristeza las que entendieron que no habían amado suficiente o no se atrevieron a vivir.

Y esto me traslada de inmediato al terrible poema de Borges: Arrepentimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

 

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Borges

 

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Amar ¿un baile cerebral?

“Amar es cerebralmente un baile, y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil, hallarlo es un tesoro.”

Eso lo dice un neurocientífico colombiano que actualmente dirige el departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York. Como buen colombiano el símil del baile, que tanto acerca a las personas incluso a sí mismas y alegra la vida.

Aquí la entrevista en la que lo dice: Rodolfo Llinas y el amor como un baile cerebral y en la que destaca la diferencia entre hacer sexo -gimnasia- y amar -que implica toda la persona en todas sus facultades, especialmente en las más elevadas. Habla de muchas mas cosas este interesante colombiano.

Unamuno dijo del amor en El sentimiento trágico de la vida:

  • “Porque el amor no es en el fondo ni idea ni volición; es más bien deseo, sentimiento; es algo carnal hasta en el espíritu. Gracias al amor sentimos todo lo que de carne tiene el espíritu”
  • “En su fondo el deleite amoroso sexual, el espasmo genésico, es una sensación de resurrección, de resucitar en otro, porque sólo en otros podemos resucitar para perpetuarnos”.

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14 de febrero día del amor

Hoy que celebramos el día del amor y los enamorados se regalan palabras bonitas y promesas de felicidad, aún en la lejanía, me parece oportuno reproducir unas palabras sobre el amor, no solo bellas sino producto de la reflexión profunda de Benedicto XVI, al que considero uno de los más altos eruditos de nuestro tiempo, que renuncia a su papado por falta de fuerzas ” He de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado” .

Se trata de un fragmento de su encíclica “Deus Caritas est” sobre el amor:

“… entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni « envenenarlo », sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza.

Esto depende ante todo de la constitución del ser humano, que está compuesto de cuerpo y alma. El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificación. Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. El epicúreo Gassendi, bromeando, se dirigió a Descartes con el saludo: « ¡Oh Alma! ». Y Descartes replicó: « ¡Oh Carne! ». Pero ni la carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente él mismo. Únicamente de este modo el amor —el eros— puede madurar hasta su verdadera grandeza.”

Palabras de renuncia de Benedicto XVI

Comentarios a la renuncia de Benedicto XVI

Y ahora la práctica, que es lo esencial:

BESOS Y más BESOS


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