Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas, y casi siempre con razón.

Ortega y Gasset decía en su artículo titulado Democracia morbosa:

“Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas, y casi siempre con razón. Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial. Cada día que tarde en realizarse esta irrealizable nivelación es una cruel jornada para esas criaturas “resentidas”, que se saben fatalmente condenadas a formar la plebe moral e intelectual de nuestra especie. Cuando se quedan solas les llegan del propio corazón boca- nadas de desdén para sí mismas. (…) Aparecen ante sus propios ojos como falsificado- res de sí mismos, como monederos falsos de trágica especie, donde la moneda defraudada es la persona misma defraudadora.”

Busco pan mientras destruyo las panaderías.
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Si el paro es estructural y no se soluciona con una reforma profunda, aumentarán las desigualdades.

El paro es el mayor problema de España y el caso más extremo de todos los países desarrollados. Mas es también el gran problema de Japón, EEUU y gran parte de Europa.

Mi querido profesor Pedro Videla presentó en Comentarios de Coyuntura Económica del IESE un interesante artículo titulado “El rompecabezas del desempleo estadounidense” en el que concluía, con su clarividencia y presumo que a su pesar, que las tasas tan altas de desempleo se encuentran más allá de la crisis financiera, en los distintos niveles de productividad, lo que está aumentando las desigualdades pues los más productivos cobran más ahora, y cobrarán más en el futuro, y los menos productivos cobran y cobrarán menos… o nada.

De hecho los grandes crecimientos del empleo en EEUU entre 1990 y 2008 se produjeron sobre todo en la Administración Pública y la sanidad, que supusieron el 40% del incremento del empleo y que muestran baja productividad porque no han de competir.

En España es más dramático aún, entre el 2000 y el primer trimestre de 2010 los sectores que han de competir internacionalmente como la industria, manufactura, agricultura o construcción han perdido mucho empleo  (-805.000 personas) mientras simultáneamente, ha aumentado en los que no existe competencia como el sector público o los servicios necesariamente locales como el agua y la energía, la educación o la sanidad (+3.250.000 personas). En números redondos, en ese periodo 2 millones de personas perdieron sus empleos y otro millón más que se incorporó al mercado de trabajo, no lo encontró.

Hoy según la Encuesta de Población Activa sufrimos 4,9 millones de parados y 400.000 más haciendo cursos, lo cual permite clasificarlos como no parados. Y aún hay quien dice que no es estructural y que no se ha de cambiar nada.

Como hemos dicho, lo que me parece más grave es que los que han de competir han aumentado su productividad (y perdido empleos) mientras los que no han de competir no lo han hecho (a la vez que han aumentado empleos). Al final, los que han sobrevivido después de hacer grandes sacrificios para poder competir, perdiendo puestos de trabajo, desendeudándose y reorganizándose, mantienen a todos los demás.

Incrementándose las desigualdades y con deudas públicas explosivas (el déficit público español llegó hasta el 11,2% del PIB en 2009), la política se polarizará porque unos abogarán a más intervencionismo del estado -lo cual puede llegar a impedir esa mayor productividad, no habrá nada que repartir  y todos seremos muy pobremente iguales- y otros al dejar hacer, con lo que la brecha se ensanchará.

También se acentuará el enfrentamiento entre los territorios que consiguen más productividad y deban ceder sus beneficios, y  los beneficiarios de esas subvenciones. Lo vemos dentro de la Unión Europea, dentro de nuestro propio país entre autonomías, dentro de las empresas e incluso dentro de las familias. Y esto sucede aún sabiendo que disponer de subvenciones continuadas no beneficia a nadie, solo atonta a los seres humanos.

Sabemos históricamente que el intervencionismo y el igualar por abajo no es la solución, distorsiona la competitividad y la eficiencia, pero tampoco se tiene el mecanismo para redistribuir con equidad los beneficios de los que más producen. Así, veremos pancartas como esta, con la dicotomía entre el “ellos” y el “nosotros” que sabemos bien a qué conducen.

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