Xavier Escribano

 

Xavier Escribano nos ha hablado hoy de Merleau Ponty y el cuerpo en una clase encantadora que nos deja expectantes y pide más.

Xavier Escribano, filósofo experto en Merleau Ponty y autor del libro de poemas Transido de distancia

Ahora estoy leyendo versos suyos en su libro de poemas Transido de distancia, de la editorial Devenir. Poemas como éste:

 

Que tenga trabajo la muerte

que le cueste abatir tanta vida,

apagar la incontestable combustión

de vivencias

que desee

batirse en retirada,

y que entonces,

sólo por deber,

por pura profesionalidad,

por hacer un trabajo bien hecho,

pueda la parca

acabar

conmigo”

Xavier Escribano

Saber más sobre el libro: http://www.sumandohistorias.com/basicos/lecturas/transido-de-distancia-xavier-escribano/

 

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Chopin. Sonata para piano n. 2 op 35

 

Esta maravilla de cuatro movimientos (ver Sonata para piano nº 2 Op, 35en si bemol menor. Wikipedia) fue publicada con la Marcha Fúnebre introducida en 1840 como su tercer movimiento.

Hace 176 años y nos conmueve hoy hasta el fondo ¿nos conmueve igual? Tal vez no. Ahora vivimos más, nuestro imaginario de la muerte es bien otro.

 

Algunos resucitan, pero lo habitual es morirse.

 

A continuación la sonata completa. La Marcha Fúnebre en el minuto 14.

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Las decisiones difíciles

 

Las decisiones difíciles suelen tener raíces que llegan al fondo mismo de los arcanos existenciales y de la responsabilidad personal.

Una decisión difícil conlleva una renuncia difícil. Mas no se puede decir Sí sin antes decir No.

 

Cada No, nos hace conscientes de lo que somos y de nuestros límites.

Cada paso cierra 100 caminos y abre 99. Dar un paso es darse cuenta de la imposibilidad de volver al momento anterior. Entender que nunca más volveremos a esos 100 caminos, nos enfrenta con la angustia de la muerte.

Quedarse quieto en cambio, es la muerte en vida. La vida es movimiento. La quietud es muerte.

¿Qué da más miedo de la muerte? Todo lo que no hice.

 

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
 feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
 
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
 no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
 
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.

                          

JORGE LUIS BORGES

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Si solamente estás donde ya no te busco

 

Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.

 

Cortázar. Los objetos perdidos. Mendoza, Argentina 1944

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La muerte del estratega

Me recomienda Luis Riveros La muerte del estratega de Álvaro Mutis. Su último párrafo. ..buscó una razón para haber vivido,

“Una gozosa confirmación de sus razones le vino de repente. En verdad, con el nacimiento caemos en una trampa sin salida. Todo esfuerzo de la razón, la especiosa red de las religiones, la débil y perecedera fe del hombre en potencias que le son ajenas o que él inventa al torpe avance de la historia, las convicciones políticas, los sistemas de griegos y romanos para conducir el Estado, todo le pareció un necio juego de niños. Y ante el vacío que avanzaba hacia él a medida que su sangre se escapaba, buscó una razón para haber vivido, algo que le hiciera valedera la serena aceptación de su nada, y de pronto, como un golpe de sangre más que le subiera, el recuerdo de Ana la Cretense le fue llenando de sentido toda la historia de su vida sobre la tierra. El delicado tejido azul de las venas en sus blancos pechos, un abrirse de las pupilas con asombro y ternura, un suave ceñirse a su piel para velar su sueño, las dos respiraciones jadeando entre tantas noches, como un mar palpitando eternamente; sus manos seguras, blancas, sus dedos firmes y sus uñas en forma de almendra, su manera de escucharle, su andar, el recuerdo de cada palabra suya, se alzaron para decirle al Estratega que su vida no había sido en vano y que nada podemos pedir, a no ser la secreta armonía que nos une pasajeramente con ese gran misterio de los otros seres y nos permite andar acompañados una parte del camino. La armonía perdurable de un cuerpo y, a través de ella, el solitario grito de otro ser que ha buscado comunicarse con quien ama y lo ha logrado, así sea imperfecta y vagamente, le bastaron para entrar en la muerte con una gran dicha que se confundía con la sangre manando a borbotones. Un último flechazo lo clavó en la tierra atravesándole el corazón. Para entonces, ya era presa de esa desordenada alegría, tan esquiva, de quien se sabe dueño del ilusorio vacío de la muerte.”


Álvaro Mutis

FIN

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En el momento culminante de la muerte, remordimientos

Dice Heidegger que somos seres arrojados a vivir y que el momento culminante de nuestra existencia es el de la muerte, ahí sabemos si nos hemos “ganado” a nosotros mismos o “perdido” .

La cuidadora de enfermos terminales Bronnie Ware ha escrito un libro que he leído este fin de seman. Trata de lo que importa cuando estamos muriendo. Parecen ser preocupaciones comunes y en la mayoría de los casos, desgraciadamente, arrepentimientos comunes.

Por su experiencia, Bronnie destaca 5 principales remordimientos de los moribundos. Al final, lo que nos importa a las personas es la felicidad que hayamos podido proporcionar a nuestros seres queridos y el tiempo que hemos pasado haciendo las cosas que nos gusta hacer, cómo vivimos la vida y si dejamos  huella positiva en quienes siguen ahí.

Dice Ware que hace falta valor para vivir como es debido, para mostrar respeto por la vida que nos es dada. La decisión es nuestra. El reloj no se detiene para ninguno de nosotros, depende de cada cual decidir a qué y a quien dedicar su tiempo, su esfuerzo, su dinero y los días que le quedan. La vida es corta.

Ninguna de las personas que acompañó en su muerte se lamentó por no haber logrado cosas materiales, pero sí sintieron gran tristeza las que entendieron que no habían amado suficiente o no se atrevieron a vivir.

Y esto me traslada de inmediato al terrible poema de Borges: Arrepentimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

 

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Borges

 

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Olvido

MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.

Mingote a Ángel González

Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…

Angel Gonzalez

Poeta, catedrático y ensayista español

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Desesperación. A mi lado.

Ayer, a nuestro lado, se nos ahorcó un vecino. De desesperación. Otro europeo, un griego, se quemó en público. También de desesperación. Tragedias de la crisis y sobre todo de cómo la encaramos, mirando para otro lado, sin quererla ver como es: una tragedia humana que hay que tratar como tal.

Lean con atención la sucesión de despropósitos acumulados en la noticia. En l´Hospitalet ya hay desnutrición infantil y enfermedades de carencias alimentarias que no se veían desde la postguerra, y no nos referimos a Somalia sino a Barcelona. Familias enteras comen agua y pan día tras día, sobre todo las de clase media que consideran una vergüenza que les vean pidiendo caridad en comedores sociales.

Nuestros estados modernos han elegido apoyar al sistema financiero en contra de sus propios ciudadanos y de su tejido productivo de empresas, que son las que sustentan en gran medida la vida económica y social. Y caerán con él, antes o después. Han perdido la legitimidad que solo les pueden dar los ciudadanos a los que debieran representar y servir.

Ayer, a los 45 años, se ahorca de desesperación en una plaza pública en l´Hospitalet, Barcelona

José de Espronceda, 1808- 1842, vivió casi lo mismo, 46 años y compuso poemas de tremenda fuerza en la desesperación como este:

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
 

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
 

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
 

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
 

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
 

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
 

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
 

A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
 

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
 

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
 

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío


Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

 (…)

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