Un cambio en las directrices de la vida

 

No se podrá comprender jamás la pasión si no se vive apasionadamente.

No se podrá comprender jamás el amor si no se vive enamorado. Esa elevación de ser que sólo puede conseguirse con otros.

No se podrá comprender jamás lo que se siente al subir una montaña si no se sube la montaña.

No se podrá comprender jamás la templanza si no se vive con fortaleza de ánimo. Todos los discursos del mundo no expresarían la profundidad de la decisión de la persona que ha elegido vivir con fortaleza de ánimo sus días. El lenguaje está imposibilitado para comunicar la experiencia existencial, moral, el acontecimiento.

 

Lo indefinible, inclasificable y vital nos obliga a rendir cuentas de la vida propia ante uno mismo. Los valores, sustentados en la gramática, se ven así invertidos, exigiéndonos preocuparnos más de nosotros y menos de lo que sucede. Más de lo que somos y menos de lo que tenemos o no tenemos. Esto tiene un enorme calado político por cuanto hoy las instituciones devienen del individuo y no al revés como antaño. Cambios profundos en las personas generan revueltas en las instituciones.

 

Nos dejó escrito Nietzsche:

“Bajo las más diversas máscaras, jóvenes, adultos, ancianos, padres, ciudadanos, sacerdotes, funcionarios y mercaderes siguen su camino soñando sólo en la comedia que todos juntos ofrecen sin pensar en absoluto en sí mismos. A la pregunta ¿para qué vives? responderían, incluso con orgullo: ¡Para convertirme en un buen ciudadano, en su sabio, en un hombre poderoso!.

“Todas las instituciones humanas han sido creadas para impedir que los hombres se sientan vivir, gracias a la dispersión constante de sus pensamientos”

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Máscaras

 

 

Nos dice Kierkegaard “Todo espíritu profundo necesita de una máscara; es más, una máscara se está formando de continuo alrededor de todo espíritu profundo gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, chata, dada a todas sus palabras, a todos sus procesos, a todas las manifestaciones de su vida”

Y en el mismo sentido Nietzsche “La mediocridad es la máscara más hermosa que pueden adoptar los espíritus superiores”

Kierkegaard y Nietzsche
Kierkegaard y Nietzsche

 

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La mentira en el orden moral

 

La mentira en el orden moral significa que existe -de una vez y para siempre- una voluntad que decide lo que el hombre ha de hacer y no hacer y le premia o castiga en función de su grado de obediencia.

Nietzsche. El anticristo.

Joynin. Dulcinea o el amor.
Joynin expresa en esta pintura sobre el amor en El Quijote, una voluntad que sí decide lo que hacer y lo que no hacer, que se rebela ante las imposiciones e imposturas. Y sin embargo, ante el amor a otro humano -Dulcinea-, queda inerme. Como todos.
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La última máscara de la metafísica occidental

 

La última máscara de Nietzsche tiene que ver con la pregunta de la posibilidad de poner fin al teatro de la moral en la metafísica europea.

“(…) nadie que haya echando una mirada bajo el telón de la racionalidad occidental, puede seguir pretendiendo que el descenso de Nietzsche a los abismos de laLibertad locura fue un asunto meramente privado. Este descenso fue, muy al contrario, la síntesis individual de toda una civilización: un sacrificio ejemplar que, junto a la muerte de Sócrates y a la crucifixión de Jesucristo, representa un tercer modelo inolvidable de la relación entre el discurso autoritario y la manifestación de la vida en la cultura occidental.

No sólo la razón de milenios, sino también su demencia se abre paso en nosotros. Peligroso es ser heredero Así hablo Zaratustra, De la virtud que hace regalos.”

Peter Sloterdijk

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La ordinariez

 

Parece que la ordinariez sea vivir como una caricatura, como una marioneta “Toda la ordinariez se basa en la incapacidad de oponer resistencia a un estímulo; se tiene que reaccionar, se sigue cualquier impulso” escribía Nietzsche dando una pista de un modo de empezar, resistiendo a tener que reaccionar necesariamente, lo cual va acompañado de una estructura espiritual diferente y singular. Es acaso la que puede dar lugar a personas elegantes (elegancia viene de elegir bien)Ordinariez

ordinariez 2

Elegir someterse a unas  férreas costumbres, rutinas y clichés de medianía y limitación a menudo inadvertidos o ejercitarse en una autodisciplina más férrea todavía pero personalmente diseñada -previa desautomatización de las inercias anteriores-. Un entrenamiento no declarado como tal pero de la máxima autoexigencia.

 

 

 

 

 

La escasez impone a un colectivo humano la imposibilidad de la coexistencia. Se ha de luchar entre sí para tener lo esencial para sobrevivir, ya que no hay para todos. En este lugar la miseria más radical es la habituación a esa situación, evitando el trabajoso reconocimiento de que acontece lo que uno causa. Mas cuando uno se desautomatiza, aparece la posibilidad de causar nuevas realidades.

En la cultura cristiana se acepta que nos lo merecemos. La escasez se produce como consecuencia de salir del paraíso, debido al pecado original -querer saber lo que no toca-. El hombre ya parte de un estado anímico de culpa que mengua al humano y a su posibilidad de ruptura con miserias reconocidas como merecidas.

 

 

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Aligerarse

Sartre habla de la angustia como ese vértigo al vacío que se apodera de nosotros cuando descubrimos nuestra libertad, cuando nos entendemos como únicos responsables de nuestras decisiones, acciones y omisiones. Y si huimos de esa angustia la alternativa es peor, caemos en la mala fe, una paradoja, ya que por un lado rechaza la angustia negando la libertad, pero ni así puede evitar

Fotografía de Tom Hoops
Fotografía de Tom Hoops

que sea un rechazo angustiado. Por negar que he de elegir por mí mismo, elijo lo que otros han decidido, normas establecidas que parecen más seguras y tranquilizadoras. Es el espíritu de la seriedad; asumo las normas de mi ciudad, mi grupo, mi país, mi comunidad, mi congregación, mi partido, normas que además, a menudo queremos imponer a los demás ¿acaso para que estén igualmente encadenados? Sartre lo escribe así en El ser y la nada:

“La angustia es, pues, la captación reflexiva de la libertad por ella misma; en este sentido es mediación, pues, aunque conciencia inmediata de si, surge de la negación de las llamadas del mundo; aparece desde que me desprendo del mundo en que me había comprometido, para aprehenderme a mí mismo como conciencia dotada de una comprensión preontológica de su esencia y un sentido prejudicativo de sus posibles; se opone al espíritu de seriedad, que capta los valores a partir del mundo y que reside en la sustantificación tranquilizadora y cosista de los valores. En la seriedad, me defino a partir del objeto, dejando a un lado a priori como imposibles todas las empresas que no voy a emprender y captando como proveniente del mundo y constitutivo de mis obligaciones y de mi ser el sentido que mi libertad ha dado al mundo. En la angustia, me capto a la vez como totalmente libre y como incapaz de no hacer que el sentido del mundo le provenga de mí”

Y aún más conciso Nietzsche, en boca de Zaratustra muestra la necesidad de aligerarse. La Tierra y el hombre son demasiado pesados: «demasiadas pesadas palabras ajenas y demasiados pesados valores ajenos» y «algunas cosas propias son una carga pesada».

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