Hoy 31, en memoria de Miguel de Unamuno

Le dedico el último día del año a Unamuno. A quien sin haber podido ni imaginar que yo existiría, tanto le he de agradecer. Agradecer pensamientos como este “Todo acto de bondad consciente es una demostración de poderío”.

Esta noche, en el paso del año, leeré su sentimiento trágico de la vida honrando su memoria y entendiendo que la vida tal como la comprendo, no es sino vida: no hay nada más que vida. Y la vida puede ser menguada, por mezquina, o enaltecida, por nobleza. Sea esta segunda alternativa mi deseo del nuevo año 2012 para todos.

Unamuno saliendo de la Universidad de Salamanca tras su famoso enfrentamiento con Millán Astray, octubre 1936. Un hombre valiente.

Unamuno, contradictorio en todo y durante toda su vida, murió una nochevieja, como hoy, en 1936, un año de tremendo dolor en España, discutiendo con un falangista que le decía –Dios ha abandonado España y Unamuno, ora creyente, ora ateo, le respondía –No, eso no puede ser, Dios no puede abandonar España.

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

Y el último poema que escribió, “Morir soñando“, el 28 de diciembre de 1936, tres días antes de dejarnos.
Morir soñando

Morir soñando, sí, mas si se sueña

morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar; nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?

28 -día de Inocentes- de diciembre, 1936.

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