Potencia Nómada

La Prehistoria fue nuestra época nómada por excelencia. En nuestros históricos regímenes sedentarios, los nómadas no tienen (tenemos) cabida: no se escatiman medios para regularlos, para lograr reducirlos a no ser más que su sombra.

Un nómada va de un lugar a otro. Ve que aquello que es importantísimo en un lugar, ni se considera en el país de al lado, donde acaso es de “vital importancia” lo contrario. De modo que un nómada siente falta de respeto ante los límites y los códigos, especialmente los relativos a la ley, la institución y el contrato, bases de las sociedades sedentarias. Con su tranquila irreverencia, ridiculiza al déspota parapetado tras su máquina administrativa y eso es imperdonable.

Hasta el discurso filosófico, que debería rasgar los límites del pensamiento para liberarnos de nuestras propias trampas, siempre ha permanecido en una relación esencial con lo sedentario, con la ley, la institución y el contrato. Nietzsche decía que los filósofos pensaban con el culo, de tanto cavilar sedentes. El discurso nómada, al ser producto de la potencia y el movimiento, desencadena tácticas de guerra móvil contra lo inmóvil.

¿Quienes son hoy los nómadas? o mejor ¿de qué nómadas es capaz nuestra sociedad tan necesitada de navegantes? Tierra nómada

Necesitamos navegantes en un planeta viajero que gira alrededor del Sol a 107.826 Km/h, y a su vez el Sol alrededor del núcleo de la Vía Láctea a unos 792.000 kilómetros por hora, y la misma Vía Láctea, y con ella el Sol y La Tierra, viaja a unos 2,1 millones de kilómetros por hora, con referencia a la radiación de microondas de fondo, más o menos en dirección a Leo y Virgo, y estos a su vez… en fin, que somos nómadas y es absurdo cegarnos con estólidos sistemas auto impuestos que hagan olvidar nuestra magnífica condición de navegantes.

 

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