Un cambio en las directrices de la vida

 

No se podrá comprender jamás la pasión si no se vive apasionadamente.

No se podrá comprender jamás el amor si no se vive enamorado. Esa elevación de ser que sólo puede conseguirse con otros.

No se podrá comprender jamás lo que se siente al subir una montaña si no se sube la montaña.

No se podrá comprender jamás la templanza si no se vive con fortaleza de ánimo. Todos los discursos del mundo no expresarían la profundidad de la decisión de la persona que ha elegido vivir con fortaleza de ánimo sus días. El lenguaje está imposibilitado para comunicar la experiencia existencial, moral, el acontecimiento.

 

Lo indefinible, inclasificable y vital nos obliga a rendir cuentas de la vida propia ante uno mismo. Los valores, sustentados en la gramática, se ven así invertidos, exigiéndonos preocuparnos más de nosotros y menos de lo que sucede. Más de lo que somos y menos de lo que tenemos o no tenemos. Esto tiene un enorme calado político por cuanto hoy las instituciones devienen del individuo y no al revés como antaño. Cambios profundos en las personas generan revueltas en las instituciones.

 

Nos dejó escrito Nietzsche:

“Bajo las más diversas máscaras, jóvenes, adultos, ancianos, padres, ciudadanos, sacerdotes, funcionarios y mercaderes siguen su camino soñando sólo en la comedia que todos juntos ofrecen sin pensar en absoluto en sí mismos. A la pregunta ¿para qué vives? responderían, incluso con orgullo: ¡Para convertirme en un buen ciudadano, en su sabio, en un hombre poderoso!.

“Todas las instituciones humanas han sido creadas para impedir que los hombres se sientan vivir, gracias a la dispersión constante de sus pensamientos”

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Discriminación por edad

 

El artículo que me publica hoy el Diario Lanza trata sobre la discriminación por la edad, una discriminación muy poco reconocida y por tanto demoledora. Si a ella se unen otras, como es el caso de las referidas al género, el daño se multiplica.

El próximo domingo complementaremos esta visión.

Ahí va: Vertisub 12 febrero 2017

 

Y los versos de Kavafis sobre el viaje a Ítaca, cantados por Lluís Llach. La vida es un viaje.

 

Pilar Almagro Glaciar Monte Perdido

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"No importa el tiempo que viváis, Sánchez; yo lo hice, y vos no.

 

En las actividades humanas -ahora nos centraremos en las empresas- existen dos grandes categorías de personas, las que dan más de lo exigible por contrato y las que dan lo justo o menos.

Hay personas que nada más incorporarse a un reto, se prodigan, estudian, están disponibles siempre, aprenden, inventan nuevas soluciones, se dan cuenta y corrigen sus errores, afrontan las emergencias, su vida es también la vida en el trabajo, por eso trabajan con tanta intensidad como la que emplean en sus aquellas otras actividades que escogen realizar.

Hay otras personas que, incluso respetando el contrato, hacen sólo lo mínimo requerido. Utilizan todos los permisos posibles de enfermedad, salen disparados en el momento en que acaba el horario o cobran los minutos como horas extras y no dedican ni un solo pensamiento a la empresa, no estudian, no se perfeccionan, no aportan. 

Legalmente ambos cumplen, pero hay una diferencia abismal entre unos y otros.

Todas las empresas humanas desde que salimos de las cavernas, existen por el primer tipo de personas. Lo que disfrutamos en nuestras vidas -escuelas, hospitales, leyes, empresas, ciencia, arte- se lo debemos a las personas que nos han regalado su trabajo más allá de lo exigible durante las 60.000 generaciones de Homo sapiens que nos han precedido.

“Todo ello creado por gente como yo. No importa el tiempo que viváis, Sánchez; yo lo hice y vos no”:

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Queremos seguridad pero anhelamos aventura

 

Queremos seguridad pero anhelamos aventura en el fondo de nuestro corazón

Exigimos igualdad pero hacemos de todo para diferenciarnos

Exigimos imparcialidad y obtenemos lo que pedimos: respuestas de robot, sin errores, sin comprensión, sin compasión.

 

La mariposa que conocía el secreto de todos los ruidosFreud, en El malestar de la cultura, sostiene que va en el proceso de civilización la pérdida de nuestros instintos, de la inmediatez, de la ingenuidad. Perdemos la fuerza de escuchar, y también de seguir la voz interior que nos podría guiar mejor que las voces externas, las de otros.

Si escuchamos más los sonidos de fuera que los de dentro, nos convertimos en prudentes, domésticos, alejados de esa naturaleza que anida en nosotros animada de una fuerza impresionante.

¿La hemos dejado de escuchar a cambio de una seguridad fingida?

La mariposa que conocía el secreto de todos los ruidos…

 

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El trabajo y la vida

 

Acabamos la jornada en la refinería, salió el turno de día, ha entrado el turno de noche, la impresora imprime el Diario de Parada…

La crítica puede ayudarme a mejorar. El autobombo, sin duda, a empeorar.

Enseñar no es llenar, sino lograr hacer entender el sentido de las cosas -mas para eso, han de tener sentido-.

 

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Acaso sólo una conciencia dramática…

 

Acaso sólo una conciencia dramática instruida por la teoría

Acaso sólo una conciencia teórica ejercitada por el drama*

pueda ser capaz de liberarse tanto de ataduras racionales como de incontinentes prácticas

Acaso sólo la singularidad sea éxito

 

Y es que cuando adquiero una conciencia dramática de mí mismo dejo de suministrarme puntos de vista simplistas acerca del mundo. Ya no se oponen cándidamente presuntas dualidades como teoría y práctica, sino que se entrelazan el evento con la técnica, el cálculo, el enigma, lo sagrado, el cuerpo, el esfuerzo, la pereza, la nostalgia, la gracia, la aventura y la ventura singular… ¿Tal vez sólo la singularidad sea éxito? ¿acaso aparezcan entonces debilidades que nos conmuevan más que cualquier fortaleza? ¿placer en la ternura?

Sólo uno mismo tiene custodia de su propia vida. Cuando estamos ante nosotros mismos no es excusa “me dijeron que lo hiciera” o “ser honesto no era conveniente en ese momento” ¡Ah la conciencia dramática! mil y una derivadas estallan dotadas de alas, de cuyas redes el ser ya no escapa.

 

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*Drama y no Tragedia, pues el drama se sufre y se maneja, mas del círculo trágico no se sale.

Pilar Almagro

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